Albergue financiado por ACNUR refuerza la atención a migrantes

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    A UNHCR worker hugs a local Honduran woman at the Augusto Alvarado Castro Community Centre in San Pedro Sula which helps families deal with the effects of gang crime. In 2016, the city ranked second in the list of cities with the highest murder rate in the world. The headteacher of a local school says 10 children leave the school every year because of gang violence, intimidation or displaced families ; An estimated 174,000 Hondurans have been displaced by territorial violence from gangs, known as “maras”, in the decade between 2005 and 2015, according to a report from the Honduran government. The country had the highest homicide rate in the world in 2014 and families continue to abandon their homes in search of safer environments in the United States, Mexico and neighbouring Central American countries like Belize. In communities in cities like San Pedro Sula in the north, residents tell stories of relatives whose houses have been burned down, young boys being recruited into gangs and young girls too afraid to attend school because of the unwanted attentions of “mareros” (gang members). The UN Refugee Agency chief in Honduras, Andrés Celis, says mechanisms for people seeking protection from the government must be improved so that the state can respond more effectively to displaced people’s needs for shelter and relocation.

    La disminución de casos de Covid-19 en algunos estados de la República como Chiapas permitirá aumentar la atención de personas solicitantes de refugio en albergues como el de Hospitalidad y Solidaridad A.C., que a pesar de la pandemia no ha dejado de funcionar, aunque ha tenido que hacerlo a la mitad de su capacidad en apego a las medidas sanitarias recomendadas.

    En entrevista con El Sol de México, Fernanda Acevedo, coordinadora general del albergue, ubicado en Tapachula, Chiapas, afirmó que esperan que para marzo los contagios de Covid-19 continúen disminuyendo en el estado y puedan abrir las puertas para la atención de al menos 180 personas solicitantes de asilo.

    El albergue espera ampliar, además, la atención educativa que brinda a través del Colegio Sin Fronteras a los menores migrantes que llegan al albergue, durante el tiempo en que la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) resuelve sus solicitudes de asilo en el país.

    Acevedo aseguró que han sido unos 400 menores los que han recibido educación en el albergue desde que se puso en operación en diciembre del 2020, tiempo durante el cual se ha brindado atención a un total de mil 400 personas, todas solicitantes de refugio en México.

    Subrayó que entre los objetivos del albergue está el acortar la brecha educativa que sufren los menores migrantes desde el momento en que deciden ellos o sus familias dejar sus lugares de origen.

    “Es un sistema multigrado, lo que quiere decir que es personalizado dependiendo de la edad y el nivel educativo que cada menor tiene desde su país de origen. No es hacer un sistema paralelo al de la Secretaría de Educación (SEP), sino lograr que los menores recobren un poquito de normalidad para que cuando dejen el albergue les sea un poco más fácil incorporarse a un sistema educativo”, explicó.

    Nimsi Arroyo, encargada de comunicación social del albergue, agregó, por su parte, que las mayores dificultades que han identificado entre los menores en edad escolar que llegan es la escritura. “Muchos de ellos no han ido a la escuela nunca y es empezar de cero”, afirmó.

    Agregó que los menores asisten al colegio por las mañanas, mientras sus padres realizan sus trámites para obtener el refugio.

    Acevedo destacó que los menores que participan en esta asistencia tienen una edad entre cinco y 17 años, aunque la mayoría de los que han llegado al albergue son de primera infancia con edad que va de recién nacidos a los cinco años.

    “Somos un albergue que brinda asistencia humanitaria con perspectiva de derechos humanos, así como asesoría legal, alimentación y atención médica básica”, dijo.

    Ambas activistas reconocieron que a medida de que los contagios de Covid-19 continúen a la baja más personas decidirán migrar, por lo que se requerirá mayor atención durante el tiempo que tarden sus trámites de asilo.

    “Estamos activos, a pesar de la pandemia, pero esperamos que la necesidad de atención y de solicitudes de refugio en el país aumenten a medida de que la curva de contagios, como han dicho, se aplane”, subrayó Arroyo.

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