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La masacre en México por el pésimo manejo de la pandemia

Vamos a poner las cosas en su lugar. Al menos en el plano conceptual y del deber ser. Si un soldado, perteneciente a un ejército de un país, está de guardia y ese país está en guerra, y ese soldado se duerme, de acuerdo a todos, o seguramente a casi todos los Códigos Militares del mundo, lo que corresponde es que a ese soldado lo fusilen.

A José Antonio Casillas y Mejía le dio coronavirus. Tenía 74 años. Se le acentuaron los síntomas el viernes primero de enero. Su seguro de gastos médicos mayores le contemplaba poder hacerse una prueba de PCR en Médica Sur y poder ser tratado allí también. Por lo que su familia acudió ese viernes 1 de enero a Médica Sur para que fuera atendido. En Médica Sur les respondieron que no había ese día pruebas para COVID- 19 porque era festivo y que tampoco había camas disponibles para poder internarlo.

Cuando me lo contaron, ante lo increíble de la respuesta, ese mismo día, este columnista llamó a Médica Sur. Me respondieron exactamente lo mismo, “que hoy” por ser viernes 1 de enero no había pruebas de PCR para coronavirus porque era festivo. Ante tal respuesta le pregunté nuevamente a la señorita del conmutador si me lo podía repetir, diciéndole que no la había escuchado bien. Me lo repitió entonces con toda claridad: “Hoy no hay pruebas para COVID, porque es festivo”.

La analogía con el caso del soldado que estando de guardia, perteneciendo a un ejército de un país en guerra y en vez de cumplir con la guardia se duerme es perfectamente válida.

Para los que no se hayan enterado todavía, estamos en guerra contra un virus que ya ha matado a más de 125 mil mexicanos según las muy mentirosas cifras oficiales. Y ha matado a varias veces más mexicanos según las cifras reales.

Y estamos en guerra contra un virus mortal aunque haya miles de idiotas, o covidiotas, como les llaman ahora, que siguen pensando que el virus no existe. Y estamos en guerra contra un virus mortal, aunque haya profesionales de la salud que crean que si es festivo tienen derecho a irse a festejar y a dejar a los enfermos allí, para cuando acabe la fiesta.

Y estamos en guerra contra un virus mortal aunque los políticos que han resultado los más covidiotas de todos en esta guerra, se permitan el lujo de que no haya vacunación el día 1 de enero, como lo publicó el sábado 2 de enero, en su portada el periódico Reforma.

Y estamos en guerra contra un virus mortal aunque el gobierno de la ciudad, que ha mentido permanentemente en la cantidad casos, de muertos, y en la disponibilidad de camas en los hospitales de la Ciudad de México, haya decidido que tampoco se hacían pruebas para coronavirus este 1 de enero, porque era festivo. Porque el gobierno de Claudia Sheinbaum suspendió las pruebas por la misma razón.

La analogía con el caso del soldado que en su guardia se duerme, mientras están en guerra aplica absolutamente. Aunque en este caso nadie pide que se fusilen a todos los responsables, que en realidad son muchos, tanto en el sector salud, como en el ámbito político. Lo que queda muy claro es que este tipo de cosas no pueden seguir sucediendo. Este tipo de cosas, como el de irse de vacaciones, o tomarse un día festivo, en medio de una pandemia, son un grandísimo crimen. Si tomamos estas cosas como normales, tendremos eternamente un país sumido en la mediocridad y en la desidia, frente a temas tan importantes como la defensa de la vida, la defensa de la salud de las personas, y ya no digamos sobre la defensa de los derechos individuales o colectivos.

Al respecto hay dos cuestiones muy importantes, las dos de sentido común, pero pareciera que a veces, o muchas veces, ese sentido común en esta sociedad no existe. La primera es que el virus y la pandemia no se detienen en días festivos. El coronavirus no va a decir, hoy es festivo, así que me pongo a descansar y no voy a avanzar por el cuerpo de este enfermo porque es 1 de enero y por lo tanto me pongo a descansar. El segundo tema es si los médicos y los políticos a cargo de la pandemia tienen derecho a decir, hoy es festivo y me vale quiénes tengan coronavirus, quiénes estén enfermos o a quiénes se les complique la salud, porque hoy es feriado y entonces tengo derecho a tomarme mi día festivo, pase lo que se y se muera quien se muera. No, no tienen derecho. Definitivamente no tienen derecho. En primer lugar, si hablamos de los médicos o de cualquiera adscripto como personal de salud, desde el director del hospital, en este caso Médica Sur, hasta la mujer que atiende el conmutador, esto es negligencia médica. En medio de esta situación es un acto criminal. Si a los señores de Médica Sur no se les puede molestar en días festivos entonces no deberían ser médicos, o no deberían dedicarse a velar o cuidar la salud de las personas. Porque si alguien tiene vocación para ser médico, para dedicarse de por vida a ser médico, tiene estar cuando hace falta, no puede decir hoy es feriado y se pueden morir todos porque yo estoy festejando. El caso de Médica Sur es uno muy concreto en donde sucedió esta historia con el Señor José Antonio Casillas. Pero no es el único caso. Esto sucede desde hace mucho tiempo, en días festivos, en muchos hospitales de México. Incluso mucho antes de la pandemia. Tampoco es una actitud permisible o válida para los funcionarios, las autoridades, o los políticos que están a cargo de la pandemia. Porque hay una cosa que se llama responsabilidad social, y que al parecer estos funcionarios no conocen, o no les interesa conocer. Comenzando por las autoridades de la Secretaría de Salud, que han sido los mayores irresponsables y los mayores mentirosos a la hora de manejar esta pandemia. Son ellos los que deberían implementar las directrices necesarias para que estas cosas no sucedan. Siguiendo por las autoridades del gobierno de la Ciudad de México, con Claudia Sheinbaum a la cabeza, quien decidió que el viernes primero de enero no se instalaran los módulos de pruebas para coronavirus en la Ciudad de México, porque era festivo. Cuando la OMS le pidió a México que sea serio, en la forma de tratar a la pandemia, se lo dijo a las autoridades correspondientes. Aunque estas quieran mirar alegremente para otro lado. A la OMS le faltó decirle además que no sean criminales, porque irse de fiestas en medio de la guerra contra el virus, en medio de una pandemia mundial, y dejar de atender a los pacientes con coronavirus, es una actitud absolutamente criminal.

Mientras eso sucedía este 1 de enero, mientras el gobierno de la Ciudad de México se olvidó alegremente de la pandemia y de sus víctimas, Claudia Sheinbaum twiteaba alegremente lo siguiente:

 “Este año se conmemoran 700 años de la fundación lunar de Tenochtitlan, se cumplen 500 años de la invasión española y se celebran 200 años del México independiente. Orgullosos de nuestra historia y del gran proceso de transformación que vivimos. Abrimos el año con amor y esperanza”.

Los familiares de José Antonio Casillas finalmente lo llevaron al Hospital General Regional No. 2 del IMSS. Ese mismo primero de enero. Ahí lo recibieron. Le dijeron que le harían una prueba para saber si tenía coronavirus, pero finalmente nunca se la hicieron, porque no había pruebas. Le sacaron una placa de tórax y determinaron que tenía neumonía. Le pusieron oxígeno y suero. Y lo dejaron en un área de “observación” a “la espera de que “se desocupe una cama, de que a alguien le den el alta o alguien fallezca” Así les dijeron.

Todo esto mientras el gobierno de Claudia Sheinbaum insiste en mentir diciendo que la ocupación hospitalaria en la Ciudad de México está en un 80%.

El autor de esta columna entrevistó, este primero de enero, a un enfermero del Hospital General Dr. Darío Fernández Fierro, del IMSS, que se encuentra en Av. Revolución 1182. Como todos hemos visto que este gobierno está despidiendo a los médicos que han protestado por falta de equipos, falta de insumos, malas condiciones laborales, etc, por razones de preservación de su trabajo omitimos aquí el nombre de dicho enfermero. Para el caso vamos a llamarle “Francisco N”, que no es su nombre real, pero para el caso lo importante es su relato. El enfermero “Francisco N” del Hospital General Dr. Darío Fernández Fierro me contó que en ese hospital tienen internado al menos a unos 200 pacientes por COVID-19, que no tienen más camas, que a muchos pacientes los tienen en sillas. Que la mayoría están en el segundo piso y otros están en el área de urgencias y otros en el área de medicina interna. Que en general los tratan con paracetamol, y en algunos casos con antibióticos. Y que “a los que no aguantan los bajan”. Le pregunté entonces ¿Cómo es eso de que los bajan? ¿A dónde los bajan? Me respondió que a la morgue, que ya no tienen lugar. La morgue está llena, dijo dicho enfermero.

Esta es la situación real de muchos hospitales en la Ciudad de México. De este tamaño es la tragedia. Mientras el gobierno de Claudia Sheinbaum ha mentido siempre sobre la disponibilidad de camas en los hospitales de la Ciudad de México.

A los familiares de José Antonio Casillas, los llamaron el día dos de enero del del Hospital General Regional número dos del IMSS, para avisarles que seguía en el área de observación, en la cama seis, esperando ser subido a piso, “cuando se desocupe una cama” y que allí sería intubado, y que había alcanzado el último respirador que había en el hospital.

En medio de esta enorme tragedia en Médica Sur no atendieron pacientes COVID ni hicieron pruebas porque era festivo. el gobierno de la Ciudad de México y su jefa Claudia Sheinbaum, no hicieron pruebas por COVID-19,  porque es festivo, y el gobierno federal abandona la campaña nacional de vacunación, porque es festivo, todo este primero de enero de 2021.

En medio de este contexto aparecen fotos de López Gatell, quien está a cargo de la lucha contra la pandemia vacacionando en una playa de Oaxaca. Y junto a esto muchos comunicadores y líderes de opinión hablando sobre el derecho de López Gatell a vacacionar. Una infamia total. Fruto únicamente de la visión de los vencidos y del sometimiento, que muchos periodistas tienen al poder en México. López Gatell menos que nadie tiene derecho a  irse de vacaciones en medio de la guerra contra el virus. López Gatell ya ni siquiera representa el caso del soldado que se duerme en la guardia, sino que sería el caso de un general que mientras su ejército pelea una guerra atroz él aparece vacacionando idílicamente y lo presume. ¿ Qué hubieran hecho los ingleses con Winston Churchill si en vez de dedicarse a defender a Inglaterra de los nazis, en plena Segunda Guerra Mundial hubiera aparecido vacacionando en las Islas Caimán? De ese tamaño es la infamia de López Gatell y del gobierno de López Obrador en el manejo de la pandemia.

Los que hicieron esto, todos los que se fueron de fiesta y abandonaron a los enfermos, en primer lugar, no tienen madre. Tampoco tienen perdón de Dios. Y en un país donde la justicia funciona serían procesados jurídicamente.

México no será nunca un país justo, ni de primer mundo, mientras este tipo de actitudes no sean castigadas en la justicia y sean toleradas.

José Antonio Casillas falleció finalmente este domingo 10 de enero en el Hospital Regional número 2 del IMSS. Allí nunca alcanzó una cama en piso. Permaneció desde el día primero de enero hasta el día 10 en una sala de observación. Había alcanzado el último respirador que había en el hospital, eso les dijeron los médicos a sus familiares. Cuatro días después de intubado todavía no le ponían antibióticos. Sus familiares consultaron con el Doctor Francisco Navarro Reynosa, quien es neumólogo y ha sido Director del Hospital General de México para preguntarle si esto podría estar bien y el profesional les respondió que desde el momento que lo intubaron le deberían haber colocado antibióticos. Cuatro días después de que lo intubaran, sus familiares, después de mover cielo y tierra consiguieron que le colocaran antibióticos.

Este domingo 10 de enero, le avisaron a sus familiares a las 12 del mediodía que José Antonio Casillas había sufrido un infarto. A las nueve de la noche todavía sus familiares no podían realizar los trámites para retirar el cuerpo porque en el Hospital les dijeron que era domingo, que había poco personal y que habían extraviado el expediente. Antes esto los familiares recurrieron a reclamarle por esta situación a Zoe Robledo y al IMSS vía twitter, y a buscar la intermediación de la reconocida periodista Alicia Salgado- Con la intervención de Alicia Salgado, hablando con comunicación social del IMSS lograron que le entregaran el cuerpo de José Antonio.

Finalmente le entregaron el cuerpo de José Antonio a las dos de la mañana. Para eso esperaron nuevamente una hora en la puerta del hospital que conduce a la morgue. Allí durante ese lapso de tiempo vieron salir cuatro carrosas fúnebres. Nada más para que tengan una idea del tamaño de la tragedia.

En la Funeraria García López le dijeron que solo del día de ayer en esa sucursal, que tenían 150 servicios de cremación atrasados. Que todas las sucursales están iguales, y que esa empresa tiene 10 sucursales en la Ciudad de México. Estamos hablando de una sola empresa funeraria.

Esta es la tragedia que hoy viven miles de familias mexicanas. Como una mala película de terror, pero en la realidad. Mientras López Obrador se ríe ridículamente diciendo que no nos ha ido tan mal en la pandemia, y el subsecretario López Gatell vacaciona aquí y allá y el gobierno de Claudia Sheinbaum miente impúdicamente, sobre la ocupación hospitalaria, como lo ha hecho el gobierno federal a lo largo de toda la pandemia.