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Pandemia de coronavirus amenaza con alterar para siempre la vida en la frontera entre Texas y México

Más de un año después de que la frontera México-Estados Unidos fue parcialmente cerrada, la vida aquí sigue de cabeza a causa de la pandemia, que puso al descubierto disparidades y verdades incómodas y creó inusitados ganadores y perdedores.

Ahí está el caso de Samantha Camacho, ciudadana estadounidense, estudiante de la Universidad de Texas en El Paso, y ahora “pasadora”, un término popular usado para designar a las personas que cobran una tarifa por pasar productos o paquetes a través de la frontera para otros que no son estadounidenses.

Tras el cierre de la frontera, sus amigos, conscientes de su privilegio como ciudadana, empezaron a pedirle que recogiera paquetes en apartados postales que tenían en El Paso y traerlos a Juárez.

Ahora les cobra una cuota “para la gasolina”, dijo, y se queda con el poco dinero sobrante.

Mientras tanto Alicia, a quien le dicen ‘Licha’, no ha cruzado la frontera en más de un año.

Ella trabajó en El Paso como empleada doméstica y cuidadora durante casi 20 años con la misma familia. Ahora no encuentra trabajo en Juárez, donde, a sus 45 años, es considerada “vieja”, dijo.

Ya que no tiene autorización para trabajar en Estados Unidos, ella habló a condición de anonimato.

“No era solo un trabajo; eran mi familia”, dijo.

Siendo una región donde se juntan los llamados primer y tercer mundo, la línea que separa al norte del sur es cada vez más marcada.

A más de un año del cierre de la frontera al tráfico no esencial, la gente se ha adaptado a nuevas realidades y crece un debate sobre lo que espera a una región cuya codependencia y uniformidad ahora está en duda.

“Lo estamos viendo al momento en que los eventos ocurren, pero parece otro momento cuando los dos lados de la frontera se han vuelto más diferenciados y separados”, dijo Josiah Heyman, director del Centro de Estudios Interamericanos y Fronterizos de la Universidad de Texas en El Paso.

“Yo creo que después de esto la frontera va a ser menos integrada en el aspecto personal de lo que era”.

Desde el año pasado las autoridades estadounidenses impusieron el cierre parcial de la frontera para frenar la transmisión del virus, y eso ha convertido a la región en un “ejemplo de privilegio”, dijo Heyman.

“Lo que cruza la frontera ahora es un número relativamente pequeño de personas privilegiadas, algunas privilegiadas por accidente, ciudadanía o nacimiento. Algunos son privilegiados por su papel en el sistema económico de ingenieros, gerentes, etc.”.

El tráfico de negocios continúa como si nada, y junto con el comercio, a los estadounidenses que tienen razones “esenciales” se les permite ir y venir sin interrupciones para hacer cosas como ir a la escuela o conseguir medicinas.

Pero las restricciones por la pandemia en su mayor parte impiden el paso a todos los ciudadanos mexicanos que tienen tarjeta de cruce fronterizo para ver a familiares y amigos, asistir a reuniones sociales, ir al médico o ir de compras.

Los que tienen la tarjeta no la pueden usar para trabajar, a pesar de que generaciones de mexicanos han cruzado la frontera diariamente durante el último siglo para desempeñar empleos informales como trabajadoras domésticas, cuidando a niños o ancianos, o trabajar en la construcción o jardinería.

Esos empleos han servido por generaciones como trampolín para posicionarse en la clase media.

Heyman y otros trazan comparaciones con la pandemia de 1918, y más recientemente con los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, cuando empezó la ruptura de la frontera.

No se ha establecido una fecha para reabrir la frontera porque hay una gran diferencia entre las campañas de vacunación en El Paso y Juárez.https://3607bcc92168eb761322c067c6f4359a.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-38/html/container.html

Más del 40% de los paseños ya han recibido al menos una dosis de la vacuna y el 24% está totalmente vacunado.

En Juárez, la vacunación masiva empezó apenas este fin de semana, y el lunes fueron vacunados los primeros 20,000.

La congresista Verónica Escobar de El Paso presentó una iniciativa de ley y pidió al secretario de Seguridad Nacional (DHS) Alejandro Mayorkas colaborar con ella para trazar un plan binacional que contemple vacunas para los juarenses una vez que los estadounidenses estén totalmente vacunados.

Dijo que reabrir la frontera es necesario “por lo vitales que somos como salvamento económico, no solo entre Juárez y El Paso, sino para las economías de Estados Unidos y México”.

Mayorkas visitó la frontera la semana pasada.

Irónicamente, algunas personas, como Alejandro, un jardinero que además hace otros trabajos de mantenimiento en El Paso —y que pidió permanecer en el anonimato porque es indocumentado—, espera que la frontera continúe cerrada.

Sin competencia de otros trabajadores indocumentados del sur de la frontera, “los clientes pagan más por mi trabajo”, dijo.

A los líderes empresariales les preocupa que impedir el paso de los mexicanos a las ciudades fronterizas de Estados Unidos tenga un profundo impacto económico por muchos años.

“Los patrones de compra son importantes”, dijo Tanny Berg, empresario y fundador de Central Business Association, un consorcio del centro dedicado a la revitalización urbana.

“De modo que cuando los mexicanos que han estado haciendo sus compras aquí a lo largo de la historia se den cuenta de que pueden ir a Costco y a Sam’s, a Soriana, a S-mart en el lado mexicano, ¿qué le hace pensar que los vamos a tener aquí de vuelta cuando abramos la frontera?”.

Otros, como Emma Schwartz, una empresaria binacional y presidenta de Medical Center of the Americas Foundation, señala la ubicación de la frontera, su aislamiento, y la importancia de los lazos familiares para enfatizar que la frontera seguirá siendo una región unida.

“Creo que tenemos algo único aquí y es que somos una isla; así que eso no me preocupa”, dijo Schwartz, señalando que en la región convergen tres estados y que se necesitan por lo menos tres horas para llegar algún otro lugar, ya sea Albuquerque, Tucson o Ciudad de Chihuahua.

“No tenemos a nadie más que a nosotros mismos. Yo siempre digo que El Paso, Las Cruces y Juárez somos como los hijos recogidos… nuestros estados olvidan que existimos. Pero nosotros sabemos que existimos. Somos nuestro más importante y valioso recurso el uno del otro”.

Los vínculos son evidentes, especialmente en los sectores de comercio y entretenimiento.

Los salones de eventos en Juárez, algunas vez bulliciosos con bodas y quinceañeras cada semana, estuvieron desiertos durante el peor momento de la pandemia.

Aunque el gobierno de Chihuahua ahora permite a los negocios trabajar al 50% de su capacidad, algunos empresarios creen que no se podrán recuperar económicamente en el corto plazo.

“En solo un año tuvimos pérdidas de más de $1 millón”, dijo Luis Mercado, de Salón de Eventos Emporium en Juárez, lugar de fiestas principalmente de paseños que optaron por celebrar en Juárez para que familiares y amigos que no tienen visa pudieran asistir, o simplemente para ahorrar dinero.

“Va a ser muy complicado volver a la normalidad”.

En El Paso, para el otoño de 2020 más de 100,000 personas habían solicitado subsidios por desempleo; para principios de 2021, 30,000 paseños seguían sin trabajo.

Aunque es difícil determinar qué tantos dólares gastan los estadounidenses o mexicanos, Leila Melendez, directora ejecutiva de Workforce Solutions Borderplex, compañía que ayuda a colocar trabajadores en empleos, dijo que el virus afectó mucho a los sectores del entretenimiento y hospitalidad, especialmente a restaurantes y bares.https://3607bcc92168eb761322c067c6f4359a.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-38/html/container.html

“El que ya no vengan los amigos y la familia de Juárez ha afectado mucho a esos negocios”, dijo.

Mientras tanto, los fronterizos, como siempre, encuentran la forma de adaptarse.

Además de sus idas a los apartados postales, Camacho va a varias tiendas a recoger maquillaje, ropa, medicinas y, con mucha frecuencia, comida.

De hecho, algo que los juarenses dicen extrañar mucho de El Paso, aparte de familiares y amigos, es la comida. No solamente la comida rápida, sino los restaurantes y bares.

“Extraño la comida rápida que aquí no se consigue, como Panda Express, Cane’s y Chipotle”, dijo Víctor Huicochea, estudiante de UTEP.

Otros tienen antojo de comida chatarra. Son muchos los que extrañan los Flamin’ Hot Cheetos que Pamela Quevedo, de 18 años, vende a través de Instagram y Facebook para satisfacer este y otros antojos que los juarenses puedan tener.

Su tienda virtual, “Whim-is”, vende productos de Estados Unidos en Juárez para los que ya no pueden cruzar la frontera.

Tiene ciertos productos en existencia en todo momento y listos para ser entregados a sus clientes.

“Todo lo que pueda encontrar en Estados Unidos se lo puedo llevar a México”, dijo Quevedo, y agrega que Hot Cheetos sigue siendo su producto más vendido.

La gente también extraña salir de compras solo por diversión.

“Íbamos de compras a Cielo Vista Mall, The Fountains, Walmart y Sprouts”, dijo Alex Navarrete, quien vive en Monterrey, México, pero solía cruzar la frontera cuando visitaba a su familia en Juárez.

“Mi familia ha ahorrado mucho dinero desde que dejamos de ir”.

Los juarenses no dan por hecho su próxima salida de compras.

Catherine Suárez, estudiante en la Ciudad de Chihuahua, recuerda que cruzaba la frontera frecuentemente para ir a visitar a sus padres, y que su madre se tomaba demasiado tiempo para ver lo que había en las tiendas.